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jueves, 19 de enero de 2017

Soledades


Mejor sólo que mal acompañado, decía el refrán, pero lo seres humanos somos ante todo, seres sociales que no comprendemos que a veces provoca estar sólo con uno mismo. También sabemos que existen dos tipos de soledad: estar realmente solo y aislado o sentirse solo.

 A diario nos tropezamos con personas que han sido abandonadas u olvidadas, bien sea por familiares que alegan que se han vuelto una carga para ellos, o porque en realidad, ha perdido a todo su núcleo familiar, una condición que vemos, sobre todo, en personas de edad avanzada. Casos palpables son los ancianos que sus familias llevan a hogares de cuidado de personas de la tercera edad, y a días de ser recluidos allí,  no regresan nunca a visitarlos.

 Y algunos otros casos, y quizás más comunes de lo que imaginamos, son los que vemos en familias cortas, donde ya la figura paterna y materna, han fallecido, y donde hermanos, no se colaboran entre sí, y encontrándose uno en problemas económicos o salud, el más aventajado y solvente, tuerce su mirada al otro lado, para no ayudar al más desposeído, alegando siempre que no tiene tiempo, que quien lo mandó a no progresar, o a criticar su vida, sin detenerse en la necesidad, seguramente imperante, que tiene en este momento, hasta para algo tan fundamental como lo son, su alimentación, medicina o subsistencia. 

Y es que el sentimiento de soledad es el más difícil de llevar, y por lo general, termina desencadenando en casos de depresión profunda y hasta en vicios como el consumo de alcohol y drogas. La soledad deseada temporal, es aceptable, pues nos conduce a la reflexión, a la meditación e inclusive, a la rectificación de nuestras ideas y pensamientos. La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas, es evidente.

 MANUELA ORTEGA  LIC. EN ADMINISTRACION  manuelaortega26@hotmail.com