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jueves, 19 de enero de 2017

Del servicio al cliente a lo cotidiano.

     En días recientes tuve algunos inconvenientes con mi acceso a la banca “On line” y el problema se agudizó cuando una mañana requería con urgencia realizar una transacción electrónica y mi cuenta fue bloqueada “por razones de seguridad”.

   Como era de suponer decidí comunicarme con la institución financiera por teléfono, donde, pese a la buena atención del operador y su disposición a resolver mi dilema; el requerimiento no fue solucionado, pues, “tenía que dirigirme a una sucursal bancaria para actualizar datos”.

   Entre la urgencia de utilizar la banca electrónica y mis ocupaciones cotidianas, no me quedó otra opción que ir al banco donde el vigilante me informó que no contaban con línea, pues, “se cayó el sistema desde la primera hora en todo el país”, eso explica la tardanza de la operadora en asignar a un ejecutivo de atención y la lentitud de la página al ingresar al portal web, a fin de cuentas, en la agencia tampoco fue resuelta mi problemática y tuve que esperar dos días para que fuese solucionada.

   Una vez solventado este inconveniente quise reflexionar sobre el tema y encontré que la clave para tener un país eficiente y productivo pasa por la buena atención y la capacidad que tiene cada uno de los funcionarios públicos en resolver los problemas de cada ciudadano, usuario, cliente o beneficiario de un producto o servicio.

   Es el deber de los funcionarios públicos de los entes gubernamentales o de índole privado garantizar la buena atención a todo el público y de este último velar por el cumplimiento de las normas y respetar a todos aquellos quienes deben su trabajo al trato colectivo. Hacer país es un trabajo reciproco, en conjunto… ¡Entre todos! Si quieres una mejor Venezuela, lucha por un mejor servicio al cliente y vuelve tu ciudadanía un ejercicio cotidiano.

César Alberto Alarcón
Estudiante de Comunicación Social



alarcon-blanco@hotmail.com

jueves, 12 de enero de 2017

Grandes decepciones

En muchas ocasiones la vida no se nos da como lo planeamos, las cosas no nos salen como queremos. Un muy viejo refrán dice que quien vive de ilusiones, muere de decepciones y, definitivamente, es así. Empezamos cuando la gente, familiares, amigos o vecinos nos decepcionan.

Con los años he vivido una serie de decepciones de toda índole en el trabajo en el que me esforcé y, sin embargo, han dado cabida a chismes malintencionados. Una gran amiga a quien tenía en alta estima me denigró frente a un conocido suyo, entre tantos otros.

Estoy segura de que quien lee estas palabras, también posee un cúmulo de decepciones, pues ninguno está exento de recibirlas, lo importante es no quedarse allí, sino tomar las decisiones necesarias para cerrar esos capítulos que tanto dolor y decepción nos causan, para seguir adelante.

No podemos esperar siempre que nuestras obras de buena voluntad sean siempre agradecidas, que se valore nuestro esfuerzo, ya que nos encontramos en un mundo donde no todos son capaces de reconocer lo maravilloso de cada persona y darle su justo valor y reconocimiento, por sentimientos mezquinos como la envidia o el egoísmo, propios de personas de muy mal corazón.

Todo lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones) con
confianza en ti mismo, fe en tu futuro, y con los brazos abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino. 

La vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer, o en el miedo y la ansiedad sobre lo que sucederá mañana.

Por una puerta que se nos cierra, son muchas las que se nos abren, sólo es cuestión de seguir adelante luchando.

MANUELA ORTEGA
LIC. EN ADMINISTRACIÓN
manuelaortega26@hotmail.com

jueves, 29 de noviembre de 2012

Empatía


La empatía es "la habilidad que posee un individuo de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, lo que genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura".
Lo primero que decimos cuando coloquialmente lo queremos definir es "colocarse en los zapatos del otro".
La mayoría de las personas sienten o han sentido empatía, sentimiento de entender a los demás, pero a pesar de sentirlo en forma natural actúan y prevalecen en ellos los motivos egoístas y mezquinos del ego, ya que evalúan y determinan el alto costo que conlleva la ayuda y por ello entran en un conflicto de intereses entre el bienestar propio y el de los demás.
Una historia que quizás pocos conocen es la siguiente: en 1984, por cuestiones políticas, los tenores José Carreras y Plácido Domingo se volvieron enemigos, a tal punto que ambos se opusieron a presentarse juntos en espectáculos.
Fue hasta el año 1987 cuando la vida le dio un golpe fuerte a José Carreras: le diagnosticaron leucemia.
Su lucha contra el cáncer fue muy sufrida, porque bajo estas condiciones no pudo trabajar y a pesar de poseer una gran fortuna sus finanzas se debilitaron por completo.
Fue entonces cuando conoció la existencia de una fundación en Madrid llamada Hermosa, cuya finalidad era apoyar el tratamiento de los pacientes enfermos de leucemia.
Gracias al apoyo de dicha fundación recuperó totalmente su salud, comenzó a cantar y sus finanzas empezaron a incrementarse. Seguidamente descubrió que el presidente de dicha fundación era Plácido Domingo.
Sorprendido, José Carreras visitó a Plácido Domingo en un concierto que estaba dando en Madrid, delante de muchas personas le ofreció disculpas y le agradeció infinitamente por su apoyo.
Finalmente, ambos se abrazaron y empezó en ellos una verdadera amistad.
Un lindo gesto, una palabra acertada oportunamente, puede cambiar el destino de una persona y de esta manera también se hace patente la empatía.

Alexander Bello
alexbello_5@yahoo.com