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jueves, 12 de enero de 2017

Grandes decepciones

En muchas ocasiones la vida no se nos da como lo planeamos, las cosas no nos salen como queremos. Un muy viejo refrán dice que quien vive de ilusiones, muere de decepciones y, definitivamente, es así. Empezamos cuando la gente, familiares, amigos o vecinos nos decepcionan.

Con los años he vivido una serie de decepciones de toda índole en el trabajo en el que me esforcé y, sin embargo, han dado cabida a chismes malintencionados. Una gran amiga a quien tenía en alta estima me denigró frente a un conocido suyo, entre tantos otros.

Estoy segura de que quien lee estas palabras, también posee un cúmulo de decepciones, pues ninguno está exento de recibirlas, lo importante es no quedarse allí, sino tomar las decisiones necesarias para cerrar esos capítulos que tanto dolor y decepción nos causan, para seguir adelante.

No podemos esperar siempre que nuestras obras de buena voluntad sean siempre agradecidas, que se valore nuestro esfuerzo, ya que nos encontramos en un mundo donde no todos son capaces de reconocer lo maravilloso de cada persona y darle su justo valor y reconocimiento, por sentimientos mezquinos como la envidia o el egoísmo, propios de personas de muy mal corazón.

Todo lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones) con
confianza en ti mismo, fe en tu futuro, y con los brazos abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino. 

La vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer, o en el miedo y la ansiedad sobre lo que sucederá mañana.

Por una puerta que se nos cierra, son muchas las que se nos abren, sólo es cuestión de seguir adelante luchando.

MANUELA ORTEGA
LIC. EN ADMINISTRACIÓN
manuelaortega26@hotmail.com

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La perinola, el yoyo y el ajiley.

En tiempos de nuestra niñez y adolescencia, solíamos jugar de acuerdo a su moda al papagayo, trompo, metras, yoyo, y la perinola. El asunto es que muchos de estos tradicionales y sanos juegos, por su contexto y el tiempo que se dedicaba para establecer una sana competencia, no eran permitidos a la hora del receso en las escuelas.

El papagayo, por la exigencia del mismo en logística de espacio y tiempo. El trompo, por el peligro que representaba si se enredaba en el pabilo y pudiera golpear a un compañero o compañera.

Las metras o canicas, porque requería destinar un espacio en el piso para establecer la dinámica partidita de rayo, pepa y palmo o el hoyito. Los que se permitían era el yoyo y la perinola. El primero, estimulaba una sana competencia que consistía en mostrar quién tenía más variedad de figuras con el instrumento. En ocasiones se hacían competencias en los actos culturales como relleno en los eventos programados. La perinola, por su característica, se permitía en la hora de receso; su competencia consistía en mostrar quién acertaba más en martillo, perinola o palito.

En estas competencias solo estaba en juego la habilidad de cada muchacho, sin que en ellos estuviera de por medio valor monetario alguno en el sano reto de demostración de habilidades.

En la actualidad, los estudiantes de bachillerato, incluyendo los que cursan primero, segundo o tercer año (por el color azul del uniforme), se colocan en las plazas públicas (Washington) y en las adyacencias de las estaciones del Metro (Artigas) a jugar cartas, “ajiley”, observándose la manipulación de dinero.

Asunto que debe llamar a la reflexión, toda vez que de ello solo se espera una adicción a los juegos de envite y azar, que tanto daño ha generado a un número muy elevado de padres de familia en nuestra sociedad.



JOSÉ RAFAEL ÁLVAREZ
Educador
Alvarez1307@hotmail.com

lunes, 28 de noviembre de 2016

El último chapuzón.

     El último chapuzón era como un permiso o un preaviso que nos daban nuestros padres para volver a zambullirnos por otro rato en ese torrente de alegría que significaba el río. Tiempo y realidad siempre trabajan en llave para arruinar nuestra felicidad.

     Nuestros viajes al río con mis primos y tío pueblan mis recuerdos de niñez en vacaciones. Había un río en Cúpira, estado Miranda, en cuya corriente se formaba una especie de cortina de agua; mi tío no dejaba que lo atravesáramos, y, a la vez, excitaba nuestra imaginación lo que allí hallaríamos: un tesoro, un encanto, una sirena, y nos contaba que para hacerlo teníamos que encontrar primero un bagre, torcerle el pescuezo y obligarlo a que nos permitiera pasar. Con esa historia nos detenía. Y nos mantenía ocupados, hasta que con los juegos nos olvidábamos del asunto.

     Una tarde, a mis doce años, me lancé en lo que significó el último chapuzón de mi niñez. Armado con la audacia de la pubertad me decidí a atravesar la cortina de agua, solo para descubrir a mi primo Juancito con su novia. No me oyeron entrar ni salir, y si me oyeron se hicieron los locos.

     A veces vuelvo al río; aún conserva esa magia especial para mí, invencible en su camino, y aunque la cortina de agua ya no está, me parece que el bagre de mi tío sigue allí ganándole la partida a la realidad y al tiempo. Dicen que el canto del río no acaba en su orilla sino en el corazón de aquellos que lo amamos.





ELY CARRANZA                                                                                                                                 
eleyscarranza70@gmail.com

lunes, 21 de noviembre de 2016

El Contragolpe de Goya.

Cada vez que Zamurito, apodo con que se conocía a Pablito Fuente, salía de rumba, Gregoria, su mujer, quedaba aterrada en su humilde vivienda, pues bien sabía que llegaría al siguiente día, borracho, sin un centavo en los bolsillos y formando problemas, sumamente agresivo con ella y a veces contra sus hijos.

Todo el sector de Las Rurales, en Punta Cardón, conocía el drama en que se desenvolvía la desventurada Goya –así la llamaba todo el mundo–. Iban pasando los días y los meses y con ellos llegaban más muchachos a la familia. La prole aumentaba junto con las dificultades.

Goya se envalentonó y se atrevió a enfrentar a Zamurito, a quien le recriminaba su irresponsabilidad permanente y sus faltas de respeto al entorno familiar. La respuesta fue inmediata: “Toma lo tuyo”, seguido de una trompada que zampó al piso a la desventurada mujer.

Una vez que Goya estaba ensu casa, ubicada frente a las aguas de El Golfete de Coro, se le acercó su compadre Mile Medina, conocido líder del sector y hombre de gran sensibilidad social, y propuso darle una lección definitiva al desconsiderado Zamurito, le ofreció su apoyo y el de la comunidad. Por supuesto, Goya aceptó.

Llegado el viernes, Zamurito se acicalaba para salir a su rumba semanal y ordenaba a su mujer que le tuviera preparado a su regreso un buen plato de sopa y “mucho cuidado” si no lo tenía.

Regresó el domingo en la madrugada, sumamente ebrio, se acostó en su chinchorro y cayó dormido. De inmediato, llegaron los vecinos, previamente preparados, y le cosieron el chinchorro de tal manera que no pudiera salirse.

Luego llamaron a Goya, le entregaron un rabo de raya y le dijeron: “Es tuyo, desquítate”. La rabia de la mujer no se hizo esperar. Empezó a darle latigazos a diestra y siniestra. El infortunado dentro del chinchorro se revolvía como una culebra, pero no podía salir. Juraba por su madre portarse bien.

Y así fue. Hoy, Pablito y Gregoria viven felices gracias al contragolpe.

MIGUEL VÁSQUEZ
mivasquez7@hotmail.com

martes, 15 de noviembre de 2016

El diálogo y su efecto en la sociedad



De acuerdo con la definición  del Diccionario de la Real Academia Española (RAE), “el diálogo es la plática, conversación, donde alternativamente se manifiestan ideas o afectos en búsqueda de una avenencia”, es decir, un entendimiento entre las partes.

En tiempos de crisis, el diálogo es la mejor herramienta para superar las adversidades y llegar a consensos que beneficien a todas las partes que intervienen. Su ejecución efectiva está en la voluntad
de los participantes; se debe negociar para logar acuerdos y, sobre todo, estar consciente que no siempre se puede ganar y no siempre se puede perder.

Lograr un entendimiento recíproco debe ser la premisa para solucionar una coyuntura o mantener una discusión próspera, de modo de evitar un conflicto bélico entre la partes que alteren la dinámica del resto de la colectividad.

Es necesario que todos los sectores sociales contribuyan y respalden la generación de un diálogo, siempre y cuando traiga resultados positivos y fortalezca el ejercicio ciudadano y la democracia protagónica de toda la nación. 

La plática debe trascender los límites de la política y de los discursos provenientes de los líderes de opinión; cada individuo tiene la responsabilidad y la capacidad de hacer del diálogo su instrumento de interacción social para mejorar su entorno y aportar en el bienestar del resto de sus compatriotas.

La paz de un país se alcanza solo cuando todos sus habitantes son capaces de aceptar sus diferencias e impiden que las mismas se conviertan en barreras para obtener el bien común, ayudemos a superar nuestros problemas y construyamos una mejor Venezuela para todos.

CÉSAR ALBERTO ALARCÓN

Estudiante de Comunicación Social

alarcon-blanco@hotmail.com

lunes, 31 de octubre de 2016

Don Pedrito




Cuando yo era niña, pocas eran las panaderías del pueblo. La gran panadería La Modelista, de Don Francisco Parra, elaboraba una gama de exquisitos panes, los cuales salía a vender don Pedrito Linero en una bicicleta con unas canastas a los lados. Recorría sabiamente las calles ofreciendo pan de avena, catalinas, cordatos, pan de taburete o rebanadas, los cuales eran ansiados por todos para la famosa merienda de las tres de la tarde con guarapo. Fue un hombre honesto y trabajador que supo ganarse el cariño y respeto del pueblo villacurano.

CARMEN MUÑOZ DE GONZÁLEZ
lavalijadeneycar@gmail.com

San Tomé y los apodos









En muchas comunidades pequeñas, la mayoría de sus habitantes suele reconocerse entre sí a través de apodos. Estos nacieron bien sea en la escuela, el  liceo, la plaza o las canchas. Fueron los años dorados de las décadas de 1950, 1960 y 1970. Mi pueblo, San Tomé (Anz), por supuesto, no fue la excepción.

Ponerle apodo a alguien era lógica segura encasquetárselo a toda la familia del elegido. Así las cosas, fueron muchos a los que se los conoció por un sobrenombre bien particular; incluso, prevalecía tal apodo por encima del nombre de pila o apellido de la “víctima”: Babucha, Carachana, Bola de Humo, Malasangre, Socorolo, Agua’e Vaca, Cara’e Buzo, Tragabala, Matagallo, entre muchos otros que recuerdo.

Aunque también fueron muchos los que se salvaron de nuestra barbarie lingüística y conservaron sus apodos naturales, como Catire Iriza, Toño Morales o Cheo Carrasquel, hubo quienes no tuvieron apodo alguno, como los hermanos Héctor y Víctor Thomas, la familia Heredia, los Navarro o los Melchor.

Fue aquella una época en la que todos nos tratábamos con sana camaradería, e igual disfrutábamos una velada en el Club Centro San Tomé con Los Melódicos y Billo’s que con los grupos El Nuevo Clan o Los Caribbean Boys, de El Tigre.

Hoy evoco con afecto a todos mis paisanos, incluso a quienes ya han traspasado el velo de la eternidad. Hacia ellos y a sus familias, mis respetos y consideración.

SAÚL JOSÉ MOSQUEDA P.

sajomopa@gmail.com

Cuentos de mamá Luisa



Una mañana como cualquier otra, nos levantamos tempranito para ir a San Sebastián de los Reyes mi abuela mamá Luisa, mi tía Kakan, mi madre Nina, mi tía, su esposo y mis tres primas. Era un viaje corto desde Caracas, pero largo para mí. Teníamos una casa pequeña a donde llegábamos casi todos los fines de semanas. Era alquilada para vacacionar.

Nuestros vecinos, el señor Rosendo y su esposa e hijos, siempre nos esperaban con alegría, con los brazos abiertos, como somos todos los venezolanos, alegres, dispuestos, amantes de las cosas sencillas: hamaca, café, arepas de maíz, sancocho y río. Y allí empieza mi cuento. Yo tenía unos 9 años, era muy delgada para mi edad , era de poco comer –como dicen, solo pasta, galleticas y golosinas–.Sopa, por favor, no me gustaba.

Ese día nos preparamos para ir al río, cerca de la casa de nuestro querido Simón Díaz, en el paso de los indios, como lo llamaban, en la camioneta de mi tío Francisco. Montamos todo para el hervido. Yo feliz, pues nos esperaba un maravilloso río, frío y cristalino; el olor de las matas, las piedras, ver pececitos pequeños, todos reunidos. Eso no tiene precio.

Se llevaron una lata de manteca, tomaron agua de río, se cortó las verduras con esmero, el pollo y las costillas. Cuando me llamaron a comer, me negué diciendo que no tenía hambre, que me había llenado el estómago con refrescos, y frutas. De vuelta a la casa , mi abuela
muy preocupada, sin cambiarse, aún con su cabello largo recogido, mojado, fue a calentar la sopa. Me la sirvió y comencé a jugar con la cuchara en el plato, con lo que llegué a colmar la paciencia de mi dulce abuela: “No comas que te van a llevar las hormigas, te vas a desaparecer”. Acto seguido, con los ojos cerrados, me dispuse a comer rápidamente. Uno es ingenuo a esa edad y yo me imaginé un ejército de hormigas comiéndome.

Aún me río del susto que llevé. No quería comer ese día, yo sentía que el río no es lugar ni para cocinar ni para comer porque uno se pierde la diversión y las horas pasan rapidito.

MARTHA GARCÍA

marthamila@hotmail.com




martes, 2 de abril de 2013

¿La creatividad puede sembrarse?


La creatividad es el principio básico para el mejoramiento de la inteligencia personal y del progreso de la sociedad, y es también una de las estrategias fundamentales de la evolución natural.
Si tenemos en cuenta que el ser humano se caracteriza por adaptar la naturaleza y lo que lo rodea a sus necesidades, comprenderemos por qué entonces en eso es central la creatividad: la capacidad de pensar en algo nuevo y mejor es lo que hace que la sociedad y la civilización humana avance en definitiva hacia nuevas y mejores formas, por lo cual siempre implica un ejercicio de mirar hacia un futuro a través de ese elemento que se crea.
La creatividad necesita interacción con las personas. Es importante reunir a las personas adecuadas, es decir, pensar primero quién y luego qué, no olvidándose de crear equipos interdisciplinarios, con ganas de imaginar, con ilusión y motivados. Las ideas existen para que sean discutidas y debatidas en equipos, que muestran los diferentes puntos de vista y la voluntad de colaboración de todos. Las ideas van y vienen, sin avisar.
Estas requieren tiempo para asentarse y proyectar o reflejar su esencia. Hay que ver la diversidad como una oportunidad. La diversidad es la madre de la creatividad. La observación, la investigación y la visualización son habilidades importantes e interesantes toda la información y el estímulo se convierte en inspiración.
En Venezuela, la sociedad productiva y el Estado deben estar plenamente identificados con que la creatividad aporta nuevas formas para analizar la naturaleza de un problema y para generar una amplia variedad de opciones para su solución, y de que esta es fundamental para el éxito de cualquier negocio y hoy, más que nunca, es clave para la supervivencia de las empresas y el Estado.
Lamentablemente, en el caso venezolano, la creatividad no ha estado en las prioridades de la mayoría de los gerentes.
Eso se debe, quizás, a que es considerada como algo intangible, elusivo y difícil de administrar, y estamos más enfocados en obtener eficiencias operativas de corto plazo, en vez de pensar en crear el futuro del país. Lo importante es dar la oportunidad a que esta se manifieste, tomar más seriedad lo que representa y saber usar adecuadamente el talento humano y su poder creativo.
Antonio E. Vallée Zea
Conservador de obra gráfica
Hab. Montecristo
antoniovallee@live.com