En tiempos de nuestra niñez y adolescencia, solíamos jugar de acuerdo a su moda al papagayo, trompo, metras, yoyo, y la perinola. El asunto es que muchos de estos tradicionales y sanos juegos, por su contexto y el tiempo que se dedicaba para establecer una sana competencia, no eran permitidos a la hora del receso en las escuelas.
El papagayo, por la exigencia del mismo en logística de espacio y tiempo. El trompo, por el peligro que representaba si se enredaba en el pabilo y pudiera golpear a un compañero o compañera.
Las metras o canicas, porque requería destinar un espacio en el piso para establecer la dinámica partidita de rayo, pepa y palmo o el hoyito. Los que se permitían era el yoyo y la perinola. El primero, estimulaba una sana competencia que consistía en mostrar quién tenía más variedad de figuras con el instrumento. En ocasiones se hacían competencias en los actos culturales como relleno en los eventos programados. La perinola, por su característica, se permitía en la hora de receso; su competencia consistía en mostrar quién acertaba más en martillo, perinola o palito.
En estas competencias solo estaba en juego la habilidad de cada muchacho, sin que en ellos estuviera de por medio valor monetario alguno en el sano reto de demostración de habilidades.
En la actualidad, los estudiantes de bachillerato, incluyendo los que cursan primero, segundo o tercer año (por el color azul del uniforme), se colocan en las plazas públicas (Washington) y en las adyacencias de las estaciones del Metro (Artigas) a jugar cartas, “ajiley”, observándose la manipulación de dinero.
Asunto que debe llamar a la reflexión, toda vez que de ello solo se espera una adicción a los juegos de envite y azar, que tanto daño ha generado a un número muy elevado de padres de familia en nuestra sociedad.
JOSÉ RAFAEL ÁLVAREZ
Educador
Alvarez1307@hotmail.com
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
lunes, 28 de noviembre de 2016
El último chapuzón.
El último chapuzón era como un permiso o un preaviso que nos daban nuestros padres para volver a zambullirnos por otro rato en ese torrente de alegría que significaba el río. Tiempo y realidad siempre trabajan en llave para arruinar nuestra felicidad.
Nuestros viajes al río con mis primos y tío pueblan mis recuerdos de niñez en vacaciones. Había un río en Cúpira, estado Miranda, en cuya corriente se formaba una especie de cortina de agua; mi tío no dejaba que lo atravesáramos, y, a la vez, excitaba nuestra imaginación lo que allí hallaríamos: un tesoro, un encanto, una sirena, y nos contaba que para hacerlo teníamos que encontrar primero un bagre, torcerle el pescuezo y obligarlo a que nos permitiera pasar. Con esa historia nos detenía. Y nos mantenía ocupados, hasta que con los juegos nos olvidábamos del asunto.
Una tarde, a mis doce años, me lancé en lo que significó el último chapuzón de mi niñez. Armado con la audacia de la pubertad me decidí a atravesar la cortina de agua, solo para descubrir a mi primo Juancito con su novia. No me oyeron entrar ni salir, y si me oyeron se hicieron los locos.
A veces vuelvo al río; aún conserva esa magia especial para mí, invencible en su camino, y aunque la cortina de agua ya no está, me parece que el bagre de mi tío sigue allí ganándole la partida a la realidad y al tiempo. Dicen que el canto del río no acaba en su orilla sino en el corazón de aquellos que lo amamos.
eleyscarranza70@gmail.com
ELY CARRANZA
lunes, 21 de noviembre de 2016
El Contragolpe de Goya.
Cada vez que Zamurito, apodo con que se conocía a Pablito Fuente, salía de rumba, Gregoria, su mujer, quedaba aterrada en su humilde vivienda, pues bien sabía que llegaría al siguiente día, borracho, sin un centavo en los bolsillos y formando problemas, sumamente agresivo con ella y a veces contra sus hijos.
Todo el sector de Las Rurales, en Punta Cardón, conocía el drama en que se desenvolvía la desventurada Goya –así la llamaba todo el mundo–. Iban pasando los días y los meses y con ellos llegaban más muchachos a la familia. La prole aumentaba junto con las dificultades.
Goya se envalentonó y se atrevió a enfrentar a Zamurito, a quien le recriminaba su irresponsabilidad permanente y sus faltas de respeto al entorno familiar. La respuesta fue inmediata: “Toma lo tuyo”, seguido de una trompada que zampó al piso a la desventurada mujer.
Una vez que Goya estaba ensu casa, ubicada frente a las aguas de El Golfete de Coro, se le acercó su compadre Mile Medina, conocido líder del sector y hombre de gran sensibilidad social, y propuso darle una lección definitiva al desconsiderado Zamurito, le ofreció su apoyo y el de la comunidad. Por supuesto, Goya aceptó.
Llegado el viernes, Zamurito se acicalaba para salir a su rumba semanal y ordenaba a su mujer que le tuviera preparado a su regreso un buen plato de sopa y “mucho cuidado” si no lo tenía.
Regresó el domingo en la madrugada, sumamente ebrio, se acostó en su chinchorro y cayó dormido. De inmediato, llegaron los vecinos, previamente preparados, y le cosieron el chinchorro de tal manera que no pudiera salirse.
Luego llamaron a Goya, le entregaron un rabo de raya y le dijeron: “Es tuyo, desquítate”. La rabia de la mujer no se hizo esperar. Empezó a darle latigazos a diestra y siniestra. El infortunado dentro del chinchorro se revolvía como una culebra, pero no podía salir. Juraba por su madre portarse bien.
Y así fue. Hoy, Pablito y Gregoria viven felices gracias al contragolpe.
MIGUEL VÁSQUEZ
mivasquez7@hotmail.com
martes, 2 de abril de 2013
¿La creatividad puede sembrarse?
La creatividad es el principio básico para el mejoramiento de la inteligencia personal y del progreso de la sociedad, y es también una de las estrategias fundamentales de la evolución natural.
Si tenemos en cuenta que el ser humano se caracteriza por adaptar la naturaleza y lo que lo rodea a sus necesidades, comprenderemos por qué entonces en eso es central la creatividad: la capacidad de pensar en algo nuevo y mejor es lo que hace que la sociedad y la civilización humana avance en definitiva hacia nuevas y mejores formas, por lo cual siempre implica un ejercicio de mirar hacia un futuro a través de ese elemento que se crea.
La creatividad necesita interacción con las personas. Es importante reunir a las personas adecuadas, es decir, pensar primero quién y luego qué, no olvidándose de crear equipos interdisciplinarios, con ganas de imaginar, con ilusión y motivados. Las ideas existen para que sean discutidas y debatidas en equipos, que muestran los diferentes puntos de vista y la voluntad de colaboración de todos. Las ideas van y vienen, sin avisar.
Estas requieren tiempo para asentarse y proyectar o reflejar su esencia. Hay que ver la diversidad como una oportunidad. La diversidad es la madre de la creatividad. La observación, la investigación y la visualización son habilidades importantes e interesantes toda la información y el estímulo se convierte en inspiración.
En Venezuela, la sociedad productiva y el Estado deben estar plenamente identificados con que la creatividad aporta nuevas formas para analizar la naturaleza de un problema y para generar una amplia variedad de opciones para su solución, y de que esta es fundamental para el éxito de cualquier negocio y hoy, más que nunca, es clave para la supervivencia de las empresas y el Estado.
Lamentablemente, en el caso venezolano, la creatividad no ha estado en las prioridades de la mayoría de los gerentes.
Eso se debe, quizás, a que es considerada como algo intangible, elusivo y difícil de administrar, y estamos más enfocados en obtener eficiencias operativas de corto plazo, en vez de pensar en crear el futuro del país. Lo importante es dar la oportunidad a que esta se manifieste, tomar más seriedad lo que representa y saber usar adecuadamente el talento humano y su poder creativo.
Antonio E. Vallée Zea
Conservador de obra gráfica
Hab. Montecristo
antoniovallee@live.com
Etiquetas:
aprendizaje,
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Creatividad,
Estado
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