viernes, 20 de mayo de 2016

Los desastres no son naturales



 Los recientes eventos adversos producto de fenómenos naturales ocurridos en Ecuador, Chile, Uruguay, México y Japón son un reflejo de la relación entre el desarrollo y los procesos dinámicos de nuestro planeta. Los desastres son la cara oculta del desarrollo, y con eso no pretendo asumir que los países que buscan desarrollarse están condenados a sufrir los embates de la naturaleza. Para ello, se necesitan elementos dentro de la sociedad que sean susceptibles a ser afectados por un evento catalizador. 

Por ello, se afirma que los desastres son constructos sociales; se van creando dentro del seno de la sociedad, siendo condicionados por vulnerabilidades físicas, políticas, institucionales, económicas y sociales. Materializados a través del riesgo, los desastres surgen durante el proceso de desarrollo para evidenciar el efecto que tienen las relaciones antrópicas, políticas sociales y económicas, dentro de un modelo escogido sin tomar conciencia de la interacción que existe entre amenazas y vulnerabilidades.

Como ejemplo podemos tomar las políticas que generan segregación étnica o racial; desigualdades económicas y culturales, sumado a la deficiente o inexistente cultura preventiva y de gestión del riesgo; que pueden generar crisis de refugiados o damnificados debido a precipitaciones torrenciales que inundaron zonas populares o una localidad arrasada por un sismo debido a la búsqueda de mejores condiciones económicas, que llevan a la población a asentarse en zonas de riesgo sin medidas de construcción preventivas y sin supervisión gubernamental.

La exposición al riesgo en la búsqueda del desarrollo y bienestar social está condicionada por complejos procesos culturales, que sin una promoción de la conciencia preventiva, es la que construye y nos mantiene anclados a esa relación entre desarrollo y desastre. Por ello, debemos entender que los desastres no son naturales y que el costo que conlleva la prevención jamás podrá equipararse al de la recuperación, sin mencionar los efectos del impacto psicológico, social y económico a largo plazo. 



Francisco Gutiérrez

martes, 17 de mayo de 2016

Fuga de agua tiene 16 días



Más de dos semanas, 16 días exactamente, tiene un bote de agua en la urbanización Paseo La Marina, en Catia La Mar (Var). Miles de litros del líquido se están perdiendo y no tenemos respuesta de Hidrocapital; funcionarios de ese ente pasan por ahí en vehículos y no solucionan el problema.



Argenis Navarro
@argenis31

Presupuesto familiar




En los actuales momentos, se hace más necesario elaborar un presupuesto familiar para ordenar nuestras finanzas. Con un presupuesto proyectamos ingresos (por ejemplo, el dinero que obtendremos a través de nuestro empleo o emprendimiento) y egresos (por ejemplo, los gastos implicados en cubrir necesidades familiares o en el pago de deudas contraídas). Como todo en la vida, las finanzas personales requieren un determinado orden para evitar desequilibrios que terminen en serios problemas económicos. Ahora bien, para que nuestras finanzas no se diluyan como el agua, hay que tener en cuenta los siguientes pasos:


La herramienta. El trabajo se inicia escogiendo un soporte donde se registrará todos los datos necesarios. Puede ser desde una libreta de apuntes o cuaderno hasta una página de Excel.


Registrar la información. Anotar todos nuestros gastos e ingresos en un mes.


Identificar los ingresos. Al registrar tus ingresos, debes distinguir entre tus ingresos fijos (sueldo, pensión de jubilación, dinero por otras rentas) y los ingresos

variables (horas extras, comisiones, inversiones, trabajos independientes, entre otros). Esto te permitirá tener una idea más acertada de cuánto dinero realmente logras percibir.


Identificar los gastos. La idea es que escribas tus gastos fijos (alquiler o hipoteca; servicios básicos; mensualidad escolar; seguros; transporte y gasolina; tarjetas de crédito), pero también los variables (alimentación; aseo y limpieza; útiles de estudio), y los extras (regalos, viajes, vacaciones, cines, salidas, entretenimiento). Si te apegas a esto, podrás realmente observar todos tus gastos.


Gestionar el presupuesto. Una vez que ya tengas en números tus ingresos y gastos, deberás hacer un balance. Si tus gastos superan tus ingresos, estás en rojo, en déficit, por lo que debes hacer un recorte en gastos variables o extras o aumentar los ingresos para equilibrar tus finanzas; sin embargo, si el balance indica lo contrario a esa primera situación, el dinero restante en ingresos puedes y debes destinarlo al ahorro (entre 5% y 10% de tu sueldo), que bien podrá servirte para futuras inversiones. En conclusión, lo importante de ordenar nuestras finanzas es lograr que los ingresos cubran nuestros gastos, incluido el ahorro






Mirian De Lourdes Cuevas Sojo