jueves, 12 de enero de 2017

Grandes decepciones

En muchas ocasiones la vida no se nos da como lo planeamos, las cosas no nos salen como queremos. Un muy viejo refrán dice que quien vive de ilusiones, muere de decepciones y, definitivamente, es así. Empezamos cuando la gente, familiares, amigos o vecinos nos decepcionan.

Con los años he vivido una serie de decepciones de toda índole en el trabajo en el que me esforcé y, sin embargo, han dado cabida a chismes malintencionados. Una gran amiga a quien tenía en alta estima me denigró frente a un conocido suyo, entre tantos otros.

Estoy segura de que quien lee estas palabras, también posee un cúmulo de decepciones, pues ninguno está exento de recibirlas, lo importante es no quedarse allí, sino tomar las decisiones necesarias para cerrar esos capítulos que tanto dolor y decepción nos causan, para seguir adelante.

No podemos esperar siempre que nuestras obras de buena voluntad sean siempre agradecidas, que se valore nuestro esfuerzo, ya que nos encontramos en un mundo donde no todos son capaces de reconocer lo maravilloso de cada persona y darle su justo valor y reconocimiento, por sentimientos mezquinos como la envidia o el egoísmo, propios de personas de muy mal corazón.

Todo lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones) con
confianza en ti mismo, fe en tu futuro, y con los brazos abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino. 

La vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer, o en el miedo y la ansiedad sobre lo que sucederá mañana.

Por una puerta que se nos cierra, son muchas las que se nos abren, sólo es cuestión de seguir adelante luchando.

MANUELA ORTEGA
LIC. EN ADMINISTRACIÓN
manuelaortega26@hotmail.com

martes, 10 de enero de 2017

Emporio deportivo ignorado

Al retornar desde Caracas tras 20 años de ausencia a la región de Barlovento, me encontré con que los habitantes de esta gran zona productora agrícola, La Marturetera, tienen en ejercicio una maravillosa liga deportiva totalmente ignorada tanto por las autoridades nacionales así como por la prensa deportiva.

En la actualidad efectúan un campeonato de softbol entre los equipos Las Casitas, San Luis, San Paulino y 24 de Febrero que se enfrentan los días domingos, así como también tienen otro torneo de basquetbol con los equipos 24 de Febrero, Las Casitas,  Ambrosio, Las Morochas y San Paulino. Cuentan, de igual manera, con el de softbol femenino y están desarrollando el de kikimbol, futbol, hasta de atletismo.

Narra Milady Key, secretaria comunal de la zona, que sus primos  Juan Key (director deportivo) y Alexis Key (director general) afrontaban las dificultades de transporte para poder llevar los equipos a todos los pueblos de esta comunidad, lo que nos impedía poder competir.

Así surgió la oferta del familiar, Sr. Jhonny Key, de cederles un terreno de su propiedad suficiente para hacer un estadio, lo cual fue aceptado; enseguida toda la población, hombres y mujeres con gran espíritu atlético venezolano se dieron manos a la obra y convirtieron el terreno en un campo deportivo con tribunas y asientos de bambú.

Cuentan con la asistencia de grupos de preciosas morenas porristas, además las señoras caseras llevan alimentos para la venta, lo cual redunda en beneficios para la colectividad y así también obtener beneficios para el pago de los árbitros, también para las pelotas, trofeos y para la preparación del terreno. 

“Nuestros ideales son lograr la construcción de un estadio integral donde podamos practicar beisbol, softbol, kikimbol, basquetbol, atletismo y hasta boxeo, así como hacer una estructura con posada recreativa deportiva donde puedan pernoctar y competir atletas de otras localidades”, refirió Juan Key.

La comunidad dice que la visión es que nuestro gobierno nos dé todo el apoyo necesario para lograr una escuela deportiva que nos permita la integración de todos y cada uno de nuestros jóvenes de los cuales muchos son víctimas de la falta de apoyo en diversas índoles.




Norman Rodríguez
norman.rodriguezmartinez@gmail.com

martes, 20 de diciembre de 2016

Luchar por un mejor servicio al cliente

En días recientes tuve algunos inconvenientes con mi acceso a la banca on line; el problema se agudizó cuando una mañana requería con urgencia realizar una transacción electrónica y mi cuenta fue bloqueada “por razones de seguridad”. Como era de suponer, decidí comunicarme con la institución financiera por teléfono, donde pese a la buena atención del operador y su disposición a resolver mi dilema, el requerimiento no fue solucionado, pues tenía que dirigirme a una sucursal bancaria para actualizar datos.

Entre la urgencia de utilizar la banca electrónica y mis ocupaciones cotidianas, no me quedó otra opción que ir al banco, donde el vigilante me informó que no contaban con línea debido a que se cayó el sistema desde la primera hora en todo el país; eso explica la tardanza de la operadora en asignar a un ejecutivo de atención y la lentitud de la página al ingresar al portal web.

A fin de cuentas, en la agencia tampoco fue resuelta mi problemática y tuve que esperar dos días para que fuese solucionada. Una vez solventado este inconveniente quise reflexionar sobre el tema, y encontré que la clave para tener un país eficiente y productivo consiste en la buena atención y la capacidad que tiene cada uno de los funcionarios públicos en resolver los problemas del ciudadano, usuario, cliente o beneficiario de un producto o servicio.

Es deber de los funcionarios públicos de los entes gubernamentales o de índole privada garantizar la buena atención a todo el público y, de este último, velar por el cumplimiento de las normas y respetar a todos aquellos quienes deben su trabajo al trato colectivo. Hacer país es un trabajo reciproco, en conjunto, entre todos.

Si quieres una mejor Venezuela, lucha por un mejor servicio al cliente y vuelve tu ciudadanía un ejercicio cotidiano.





César Alberto Alarcón
Estudiante de Comunicación Social




miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Qué hacemos con el perro?


Ya se suman a esta interrogante innumerables quejas, peticiones, molestias y hasta súplicas con relación a la presencia y permanencia de perros en las estaciones, andenes, pasillos, escaleras y hasta vagones de los trenes del sistema Metro de Caracas.

En lo personal, he abordado a funcionarios del Metro en servicio y todos dan la misma respuesta: que no tienen personal para eso, que eso no es su competencia, que lo tienen en reporte. Y me pregunto: ¿qué hacemos con el perro?

Ya sabemos que un perro mantuvo en vilo por un mes a todo el personal del Metro, a ONG protectoras y hasta a los Bomberos de Caracas al ingresar a los túneles y no poder rescatarlo. Ya sabemos que muchos de esos perros sufren heridas y hasta mueren en las escaleras mecánicas y los túneles; ya sabemos que los perros desmeritan la imagen y ensucian los espacios del Metro de Caracas, pero muchos otros logran establecerse y hacer vida en algunas estaciones.

No quiero hacerlos ver como un problema grave (porque seguro los exterminan); veámoslos entonces como una muestra de nuestras incapacidades como legisladores, como institución y como ciudadanía para lograr alguna solución favorable para los animales y, por ende, a las instituciones y a la ciudadanía.

Las ONG y particulares protectores no se dan abasto con la manutención de los perros que tienen en sus refugios y tanto las autoridades como misiones, al parecer, tienen los mismos problemas.

Hay un asunto de fondo que debe ser muy complejo y que nos impide legislar de manera efectiva el asunto de la protección animal en Venezuela. En lo particular,
lo denomino desidia, pero desidia generalizada y potencializada. Quizá en nuestro país tenemos mayores problemas o de mayor importancia que crear y aplicar una legislación de protección animal justa (para el animal), pero vuelvo y repito: ¿qué hacemos con el perro? 

NATHAN RAMÍREZ
nathan1969@gmail.com

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Una nueva Venezuela.


Es muy notable el avance en el destrabe vial que experimentó nuestra actual ciudad capital con la implementación de las 17 soluciones correspondientes al Plan Movilidad iniciado en 2013, un proyecto completado fielmente, tal como estaba planificado.

Hoy en día, su superpoblación ha castigado severamente esas bondades, oasis de aquellos tiempos. El afán de vivir en Caracas desde el boom petrolero a esta parte ha sido tal que ha ocasionado que 80% de su extensión sean zonas no planificadas. Tanto es así que muy recientemente el barrio José Félix Ribas, hecho por la gente misma, ha pasado a ser la urbe espontánea más extensa del mundo.

Esta característica, lejos de ser motivo de orgullo, nos dice del grado de sobresaturación poblacional descontrolada que tiene la ciudad, diseminada en estos sectores donde, por supuesto, imperan la improvisación, el desorden, la insalubridad y el feo paisaje, la mejor explicación al azote de la delincuencia.

Pero, por otro lado, Venezuela hoy por hoy se ha convertido en un país único en cuanto a sus reservas naturales recién evaluadas. Solamente saber que somos el segundo país del mundo en reservas de agua potable lo hace un paraíso para la humanidad del futuro.

Hay que ser coherentes con esta realidad y orientar al venezolano hacia el poblamiento de esta región, creando condiciones de orden urbano.

Es inconcebible hoy en día el abandono poblacional que experimentan el estado Bolívar y el estado Amazonas, cuyas áreas abarcan casi la mitad de la extensión del territorio nacional y, sin embargo, allí solo vive 5% de nuestra población.

Impulsar el ferrocarril Tinaco- Anaco y el tercer puente sobre el río Orinoco forman parte de esta necesidad nacional. “Yo estoy seguro de que mucha gente joven, profesionales o estudiantes, que hoy están en las universidades, estarán muy motivados a fundar allí en la Faja del Orinoco una Venezuela
nueva que está naciendo”, dijo el presidente Hugo Chávez en el año 2011.

El mejor aporte que podemos hacer a esta idea universal de humanismo y desarrollo para el país es impulsar condiciones para acelerar la infraestructura ya iniciada y crear una nueva capital para la nueva Venezuela que está naciendo.

JOSÉ DURABIO MOROS
josedurabio@gmail.com

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La perinola, el yoyo y el ajiley.

En tiempos de nuestra niñez y adolescencia, solíamos jugar de acuerdo a su moda al papagayo, trompo, metras, yoyo, y la perinola. El asunto es que muchos de estos tradicionales y sanos juegos, por su contexto y el tiempo que se dedicaba para establecer una sana competencia, no eran permitidos a la hora del receso en las escuelas.

El papagayo, por la exigencia del mismo en logística de espacio y tiempo. El trompo, por el peligro que representaba si se enredaba en el pabilo y pudiera golpear a un compañero o compañera.

Las metras o canicas, porque requería destinar un espacio en el piso para establecer la dinámica partidita de rayo, pepa y palmo o el hoyito. Los que se permitían era el yoyo y la perinola. El primero, estimulaba una sana competencia que consistía en mostrar quién tenía más variedad de figuras con el instrumento. En ocasiones se hacían competencias en los actos culturales como relleno en los eventos programados. La perinola, por su característica, se permitía en la hora de receso; su competencia consistía en mostrar quién acertaba más en martillo, perinola o palito.

En estas competencias solo estaba en juego la habilidad de cada muchacho, sin que en ellos estuviera de por medio valor monetario alguno en el sano reto de demostración de habilidades.

En la actualidad, los estudiantes de bachillerato, incluyendo los que cursan primero, segundo o tercer año (por el color azul del uniforme), se colocan en las plazas públicas (Washington) y en las adyacencias de las estaciones del Metro (Artigas) a jugar cartas, “ajiley”, observándose la manipulación de dinero.

Asunto que debe llamar a la reflexión, toda vez que de ello solo se espera una adicción a los juegos de envite y azar, que tanto daño ha generado a un número muy elevado de padres de familia en nuestra sociedad.



JOSÉ RAFAEL ÁLVAREZ
Educador
Alvarez1307@hotmail.com