Mostrando entradas con la etiqueta colas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta colas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de marzo de 2016

Viacrucis

El bullicio del mercado se ha vuelto tormentoso tras las memorias de una Venezuela libre de aquella decadencia, la cual nunca pensamos que llegaría a alcanzarnos. El silencio ha desaparecido y los días se han vuelto iguales, pues la alegría de escuchar un “es quincena, hoy, cobro los billullos” se ha convertido en la expectativa de saber “¿me alcanzará para el mercado?”.
“La vida en Venezuela se ha vuelto cada vez más difícil”, dijo doña Juana, quien a sus 72 años es protagonista de la tediosa espera en el supermercado Bicentenario. Es ella quien semana tras semana tiene la penosa tarea de hacer las compritas para resolver la papa de sus cinco nietos.
El silencio y la calma me preocuparon de momento, no porque el bullicio se haya vuelto parte de mí, sino porque parece ser un síntoma que denota costumbre. Pero, luego de varias horas siendo testigo de lo que para mucho es un acto humillante, es lo más lógico, ¿no? Una fila larga y una inmensa espera parecen ser los principales protagonistas del día, donde darse cuenta del problema presente es más fácil que pelar mandarina.
La tarde seguía avanzando y yo continuaba a la espera de algo distinto a lo peculiarmente repetido cuando, de repente, llegó un grupo de personas que se diferenciaban del resto no solo por su apariencia física, sino también hasta por la forma de expresarse.
Entre ellos, una mujer gritó: “Ponte pila en el negocio. Averigua si hay café, papel, mantequilla. Mete a Wilmer en la cola que hoy le toca a él bachaquear”.
Lo único que pude procesar al escuchar eso es que, mientas un grupo pasa trabajo parejo en estas colas, otro grupo se beneficia, ya que vender el derecho de poder estar allí se ha convertido en el principal negocio de los últimos trimestres.
Parece que se nos adelantó Semana Santa y desde hace rato. Encontrar los productos de la cesta básica es un verdadero viacrucis para todos los venezolanos que debemos visitar al menos unos siete establecimientos para completar las compras, pues conseguir ciertos artículos es un verdadero lujo.

CHIRLEY RODRÍGUEZ

chirleyvictoria@gmail.com

El ilegal bachaqueo


Son las 7 am, aún el supermercado no abre sus puertas; sin embargo, ya hay personas “dateadas” haciendo la cola para llenar sus mochilas itinerantes. Día tras día, llegan más motorizados con morrales al hombro y casco en mano.
Lo que hasta hace poco era inusual, progresivamente se ha ido convirtiendo en algo cotidiano, odiosamente cotidiano. Pobres especulando a pobres. ¿Por qué tanta indiferencia de algunas instituciones ante tan grave situación? ¿Cómo es posible que los residentes de la zona permanezcan tan pasivos ante las constantes agresiones, no solamente de los “invasores”, sino también de los supermercados?
Siempre llego a la misma conclusión: Si la comunidad no se organiza en los barrios y urbanizaciones para desarticular esas mafias, seguiremos mordiéndonos la lengua y tragándonos la frustración diaria convertida en amargura.
Sugiero que cada supermercado o bodega venda sus productos regulados solamente a los residentes de la zona. Esta solicitud de manera temporal hasta que se normalice la distribución de productos.
En los barrios existen las bodegas tradicionales y las de Mercal. En las urbanizaciones existen los supermercados por todos conocidos.
Hagamos este ejercicio y probablemente las colas se verán reducidas a su mínima expresión.
Claro que se va a necesitar apoyo de todos para que se puedan ver los resultados en poco tiempo.
Por una parte, el ente que regula a estos establecimientos debe estar más presente, proactivo y menos reactivo.
Los Mercales deben ser gerenciados por los consejos comunales y la red de mercados privados debe tener una constante comunicación con los vecinos agrupados en consejos comunales, asociaciones de vecinos o juntas de condominio.
Reitero, lo importante es comenzar a ver disminuir las colas e ir desarticulando las mafias que manejan el “bachaqueo” (la punta del iceberg) que tanto daño le hace a la comunidad hoy por hoy.
Es hora de pasar todos de la queja y de la amargura diaria a la acción permanente.

ANTONIO PADRINO