martes, 7 de abril de 2015

Pasajera se queja de maltrato de aerolínea

Sentada junto a mi esposo en la nada confortable sala de espera del aeropuerto Arturo Michelena de Valencia el día 22 de este mes, escucho que alguien menciona mi nombre en voz alta. Además de mí, todos quienes estaban allí se enteraron de que mi persona era requerida por un funcionario de la línea Láser. 

¿El motivo? Sospechosa de llevar algo prohibido en mi maleta. Con mi conciencia tranquila me dirijo al lugar indicado, espero la revisión, previa violación del seguro que le había puesto a mi equipaje, el funcionario no encuentra nada, tal como yo preveía, y soy autorizada, ¿o puedo decir exculpada?, a regresar a la sala de embarque ante la mirada curiosa de varias personas, mirada que en esta época equivale a decir ¡“Bachaquera”!

Luego de tres días en mi isla, el día 26 fui nuevamente maltratada por un funcionario de la mencionada línea aérea. En el momento de chequear el equipaje fuimos obligados a dejar una botella plástica de 3 litros de aceite de oliva que habíamos adquirido. ¿Argumento? Está prohibido llevar ese tipo de sustancia dentro del avión. Le explicamos a ese funcionario que desconocíamos esa prohibición y hasta le propusimos que nos la comprara por la mitad del precio que nos había costado y solo obtuvimos la misma respuesta. No nos quedó más remedio que acudir a una persona de una dependencia en el aeropuerto que nos hizo el favor de guardarla a los fines de que en otra oportunidad la rescatáramos.

Al momento de estar haciendo la cola para abordar el avión una joven se acercó a mí en actitud nada cordial para advertirme que tampoco podía montar en mi equipaje de mano una botellita de vinagre de vino que adquirí en el aeropuerto, donde, dicho sea de paso, expenden varios artículos, entre ellos aceite de oliva, la misma sustancia que el funcionario del mostrador de Láser nos prohibió subir al avión.

Resignada ya ante tanto atropello veo venir hacia nosotros a una funcionaria quien me solicita mi pase de embarque. Se lo doy y me voy tras ella. Esta joven me pregunta acerca del incidente que había sufrido y me dice que ese procedimiento no debió ser así, que muy bien eso se pudo haber canalizado como carga y se ofreció de manera muy cortés a ayudarme a solucionar el problema. 

A esas alturas ya el mal estaba hecho y así se lo hice saber a la empresa de forma verbal, debido al atropello.

¿Hasta cuándo las personas que usamos y pagamos bien caros los servicios de una línea aérea tenemos que aguantar el ser sometidos a situaciones vergonzantes?  

Yoelina Mendoza

yoelinamendoza@hotmail.com

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