lunes, 1 de agosto de 2011

Buenos modales

Hoy día, cuando estoy fuera de casa, el recuerdo de mi madre, quien murió hace muchos años, se me hace más presente debido a la conducta equivocada de la mayoría de nuestros niños, jóvenes y hasta adultos mayores. Cada vez que mis hermanos o yo cometíamos un desafuero, ella con mirada fija y glacial decía: "¿Leíste el Manual de Carreño?". ¡Claro!, era elemental tenerlo como libro de consulta diaria.
Se trataba de una recopilación de simples y sencillas reglas de urbanidad, de cómo saber comportarse en casa y fuera de ella, especie de protocolos y reglas que habían de cumplirse "al pie de la letra", conductas y modales permitidos y exigidos que nos convertirían en personas educadas y correctas. Casi todas estas normas siguen vigentes en el diálogo de los hombres, sean o no "estudiados o citadinos".
Al decir educadas no me refiero al cúmulo de conocimientos sapientes de las ciencias, dados por el estudio en colegios o universidades; no. Me refiero a la manera de comportarse consigo mismo y con los demás, en casa y fuera de ella, en la escuela, en la iglesia, en la calle, en el trabajo. En fin, en el diario convivir con su semejante.
Hoy día, cuando ves que el hombre sale del auto, es muy raro que dé la vuelta para abrirle la puerta a su dama acompañante, o cuando se levanta de la silla y no retira la de la dama para que lo haga ella. O ceder el paso a las personas mayores, cargadas con peso o con discapacidad. U oír conversaciones a viva voz y donde predominan las palabras escabrosas. Cuando no se saluda a los vecinos en el ascensor, o al entrar a un negocio, o al autobús. O cuando oímos hablar o reír durante la alocución de un evento, o peor todavía cuando en pleno concierto, conferencia o conversatorio suena estridente el sonido del celular, o soplar el humo del cigarillo en la cara de su oyente, o interrumpir abruptamente a la persona que habla, o el hacer burla o mofa a costa de otra persona.
El mundo cambia constantemente, evoluciona, se transforma. Hago uso de la empatía, no soy rígida en aceptar los nuevos tiempos, las nuevas generaciones, sus costumbres y ritos, su música, sus bailes, porque cada una de ellas es diferente y ello viene implícito en la educación y costumbres de su época. Algo debe ser constante y predominante: hay que mantener las buenas costumbres, la conducta respetuosa para consigo mismo y con los demás.
Edilia C. de Borges
ediliac@cantv.net

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